II.- Respuesta de E. Malatesta a la Plataforma.

RESPUESTA A LA PLATAFORMA


Un opúsculo francés titulado "Plataforma de organización de la Unión General de Anarquistas (Proyecto)" ha caído en mis manos por casualidad (se sabe que hoy los escritos no fascistas no circulan por Italia).
Se trata de un proyecto de organización anarquista, publicado por un "Grupo de anarquistas rusos en el extranjero", que parece muy especialmente dirigido a los compañeros rusos. Pero trata de cuestiones que interesan a todos los anarquistas y, además, es evidente que busca la adhesión de los compañeros de todos los países por el hecho de estar escrito en francés. De todos modos, es útil examinarlo tanto para los rusos como para los demás si el proyecto está en armonía con los principios anarquistas, y si su realización sirve verdaderamente a la causa anarquista. Los móviles de los promotores son excelentes. Deploran que los anarquistas no hayan tenido y no tengan en los acontecimientos de la política social una influencia proporcional al valor teórico y práctico de su doctrina, a su número, su coraje, su espíritu de sacrificio, y piensan que la principal razón de ese fracaso relativo es la ausencia de una organización amplia, seria y eficaz.
Hasta ahí, en principio, podría estar de acuerdo.
La organización no es sino la práctica de la cooperación y la solidaridad; es la condición natural, necesaria de la vida social; es un hecho inevitable que se impone a todos, tanto en la sociedad humana en general, como en cualquier grupo de personas que tengan un objetivo común.
El hombre no quiere ni puede vivir aislado; no puede llegar a ser un verdadero hombre y satisfacer sus necesidades materiales y morales de otro modo que no sea en sociedad y con la cooperación de sus semejantes. Es por tanto inevitable que todos los que no se organicen libremente, ya sea porque no puedan o porque no sientan la urgente necesidad, hayan de sufrir la organización establecida por otros individuos ordinariamente constituidos en clase o grupos dirigentes, con el fin de explotar para su beneficio el trabajo de otros.
Y la opresión milenaria de las masas por un pequeño número de privilegiados ha sido siempre la consecuencia de la incapacidad de la mayor parte de los individuos para ponerse de acuerdo, para organizarse sobre la base de la comunidad de intereses y de sentimientos con otros trabajadores para producir, para disfrutar y, eventualmente, para defenderse de los opresores y explotadores. El anarquismo viene a remediar este estado de cosas con su principio fundamental de organización libre, creada y mantenida por la libre voluntad de los asociados sin ninguna clase de autoridad, es decir, sin que ningún individuo tenga el derecho de imponer a otros su propia voluntad. Es, por tanto, natural que los anarquistas traten de aplicar a su vida privada y a la vida de su movimiento el mismo principio sobre el que, según ellos, debería basarse toda la sociedad humana.
Algunas polémicas permitirían suponer que existen anarquistas refractarios a toda organización; pero, en realidad, las numerosas, demasiado numerosas, discusiones que hemos sostenido sobre este tema, incluso cuando están oscurecidas por cuestiones de palabras o envenenadas por cuestiones de personas, sólo conciernen en el fondo al modo, y no al principio de organización. Así, algunos compañeros, con palabras opuestas a la organización, se organizan como los demás y a menudo mejor que éstos, cuando pretenden seriamente hacer algo. La cuestión, lo repito, reside en la aplicación.
Así pues, yo debería mirar con simpatía la iniciativa de los compañeros rusos, convencido como estoy de que una organización más general, mejor tramada y más constante que las que han realizado hasta ahora los anarquistas, aunque no lograra eliminar todos los errores, todas las carencias, puede ser inevitable en un movimiento que, como el nuestro, se adelanta a los tiempos y que, por eso, se debate con la incomprensión, la indiferencia y a menudo la hostilidad de la mayor parte, sería, por lo menos, un importante elemento de fuerza y de éxito, un poderoso medio de hacer valer nuestras ideas.

Organización obrera y organización específica
Considero sobre todo necesario y urgente que los anarquistas se organicen para influir en la marcha que siguen las masas en su lucha para la mejora y la emancipación. Hoy, la fuerza más grande de transformación social es el movimiento obrero (movimiento sindical) y de su dirección depende en gran parte el curso que tomarán los acontecimientos y el objetivo al que se llegará en la próxima revolución. A través de sus organizaciones, fundadas para la defensa de sus intereses, los trabajadores adquirirán conciencia de la opresión en que se hallan y del antagonismo que los separa de sus patronos, comenzarán a aspirar a una vida mejor, se habituarán a la lucha colectiva y a la solidaridad, y podrán conquistar todas las mejoras compatibles con el régimen capitalista y estatista. Después, cuando el conflicto resulta insoluble, llega la revolución o la reacción.
Los anarquistas deben reconocer la utilidad y la importancia del movimiento sindical, deben favorecer su desarrollo y hacer de él una de las palancas de su acción, esforzándose por conducir la cooperación del sindicalismo y de otras formas de progreso a una revolución social que conlleve la supresión de clases, la libertad total, la igualdad, la paz y la solidaridad entre todos los seres humanos. Pero sería una ilusión funesta creer que, como hacen muchos, el movimiento obrero desembocará por sí mismo, en virtud de su propia naturaleza, en una revolución. Al contrario: en todos los movimientos basados en intereses materiales e inmediatos (y no se puede establecer sobre otros fundamentos un amplio movimiento obrero), hace falta el fermento, la semilla, la obra concertada de los hombres de ideas que combatan y se sacrifiquen por un ideal venidero. Sin ese medio, todo movimiento tiende fatalmente a adaptarse a las circunstancias, engendra el espíritu conservador, el temor a los cambios de los que se resisten a obtener condiciones mejores. A menudo se crean nuevas clases privilegiadas, que se esfuerzan por consolidar el estado de cosas que se pretendía abatir.
De ahí la actual necesidad de organizaciones propiamente anarquistas que, tanto dentro como fuera de los sindicatos, luchen por la realización íntegra del anarquismo y traten de esterilizar todos los gérmenes de corrupción y de reacción.
Pero es evidente que para alcanzar su objetivo, las organizaciones anarquistas deben, en su constitución y funcionamiento, estar en armonía con los principios de la anarquía. Es preciso, por tanto, que no estén en absoluto impregnadas de espíritu autoritario, que sepan conciliar la libre acción de los individuos con la necesidad y el placer de la cooperación, que sirvan para desarrollar la conciencia y la capacidad de iniciativa de sus miembros y sean un medio educativo y una preparación moral y material al porvenir deseado.
¿Responde el proyecto en cuestión a esas exigencias? Yo creo que no. Considero que en lugar de hacer nacer en los anarquistas un mayor deseo de organizarse, parece hecho para confirmar el prejuicio de muchos compañeros que piensan que organizarse es someterse a jefes, adherirse a una organización autoritaria, centralizadora, que sofoca toda libre iniciativa. En efecto, en ese manera se expresan precisamente las proposiciones que algunos, contra la evidencia y a pesar de nuestras protestas, se empeñan en atribuir a todos los anarquistas calificados como organizadores.

¿Una organización anarquista o varias?
Examinemos:
En primer lugar, me parece que es una idea falsa (y en todo caso irrealizable) el reunir a todos los anarquistas en una "Unión General", tal como lo precisa el proyecto, en una sola colectividad revolucionaria activa.
Nosotros, como anarquistas, nos podemos considerar todos del mismo partido si por la palabra partido entendemos el conjunto de todos aquellos que están del mismo lado, que tienen las mismas aspiraciones generales y que, de una forma u otra, luchan por el mismo fin contra los adversarios y enemigos comunes. Pero esto no quiere decir que sea posible -y puede que no sea deseable- reunirnos todos en una misma asociación determinada.
Los medios y las condiciones de lucha difieren demasiado, los modos posibles de acción que se reparten las preferencias de unos y otros son demasiado numerosos, así como las diferencias de temperamento y las incompatibilidades personales para que una Unión General, realizada con seriedad, no se convierta en un obstáculo para las actividades individuales y quizá incluso más en una causa de luchas intestinas que en un medio de coordinar y unificar los esfuerzos de todos.
¿Cómo, por ejemplo, se podría organizar del mismo modo y con el mismo personal, una asociación pública hecha para la propaganda y la agitación en medio de las masas, y una sociedad secreta, obligada por las condiciones políticas en las que opera, a ocultar al enemigo sus fines, sus medios y sus agentes? ¿Cómo podría adoptarse la misma táctica para los educacionistas convencidos de que basta con la propaganda y el ejemplo de unos para transformar gradualmente a los individuos, y en consecuencia, a la sociedad, y los revolucionarios convencidos de la necesidad de derribar por la violencia un estado de cosas que sólo se sostiene por la violencia, y de crear, contra esa violencia de los opresores, las condiciones necesarias para el libre ejercicio de la propaganda y la aplicación práctica de las conquistas ideales? ¿Y cómo conservar unidas a personas que, por razones particulares, no se aprecian y, sin embargo, pueden igualmente ser buenos y útiles militantes del anarquismo?
Por otra parte, los autores del Proyecto afirman que es ineficaz la idea de crear una organización que reúna a los representantes de las diversas tendencias del anarquismo. Una organización así, dicen, "que incorpore elementos heterogéneos, no será sino un conjunto mecánico de individuos que tienen una concepción diferente de todas las cuestiones concernientes al movimiento anarquista; se desharía sin duda apenas fuera sometido a los hechos y a la vida real".
Muy bien. Pero entonces, si reconocen la existencia de anarquistas de otras tendencias, deberán dejarles el derecho de organizarse a su modo y trabajar por la anarquía de la manera que consideren mejor. ¿O acaso pretenderán situar fuera del anarquismo, excomulgar, a todos los que no acepten su programa?
Dicen que quieren agrupar en una sola organización todos los elementos sanos del movimiento libertario y, naturalmente, tenderán a considerar sanos únicamente a los que piensen como ellos. Pero ¿qué harán con los elementos malsanos?
Es cierto que hay entre los que se dicen anarquistas, como en toda colectividad humana, elementos de diferentes valores y, lo que es peor, los hay que hacen circular en nombre del anarquismo ideas que sólo tienen con éste dudosas afinidades. Pero ¿cómo evitarlo? La verdad anarquista no puede ni debe depender de las decisiones de mayorías reales o ficticias. Unicamente es necesario -y sería suficiente- que todos tengan y ejerzan el más amplio derecho a la libre crítica y que cada uno pueda sostener sus propias ideas y elegir a sus propios compañeros. Los hechos lo juzgarán en última instancia y darán la razón a quien la tenga.

El anarquismo y la responsabilidad colectiva
Abandonemos, pues, la idea de reunir a todos los anarquistas en una sola organización; consideremos esta "Unión General" que nos proponen los rusos como lo que sería en realidad: la unión de cierto número de anarquistas, y veamos si el modo de organización propuesto es conforme a los principios y métodos anarquistas y si puede ayudar al triunfo del anarquismo. Una vez más, me parece que no. No pongo en duda el sincero anarquismo de los compañeros rusos; quieren realizar el comunismo anarquista y buscan la manera de lograrlo lo más rápidamente posible. Pero no basta con querer una cosa, hay que emplear los medios oportunos para obtenerla, lo mismo que para ir a un sitio hay que seguir la ruta que nos conduce a él si no queremos llegar a otro sitio. Pero, toda organización propuesta que sea de tipo autoritario no sólo no facilitará el triunfo del comunismo anarquista, sino que falseará el espíritu anarquista y tendrá resultados contrarios a los que los organizadores pretendieron.
En efecto, esta "Unión General" consistiría en tantas organizaciones parciales que habría secretariados para dirigir ideológicamente la obra política y técnica, y tendría un comité ejecutivo de la Unión encargado de llevar a cabo las decisiones de la Unión, de "dirigir" la ideología y la organización de grupos conforme a la ideología y la línea táctica general de la Unión.
¿Y es eso anarquismo? En mi opinión, es un gobierno y una iglesia. Le faltan, es verdad, la policía y las bayonetas, como faltan los fieles dispuestos a aceptar la ideología dictada desde arriba, pero eso sólo significa que ese gobierno sería un gobierno impotente e imposible, y que esa iglesia sería un semillero de cismas y herejías. El espíritu y la tendencia siguen siendo autoritarias, y el efecto educativo será siempre antianarquista.
Escuchad además: "El órgano ejecutivo del movimiento libertario general -la unión anarquista- adopta el principio de la responsabilidad colectiva; toda la Unión será responsable de la actividad revolucionaria y política de la Unión".
Y tras esta negación absoluta de toda independencia individual, de toda libertad de iniciativa y de acción, los promotores, recordando que son anarquistas, dicen ser federalistas y echan pestes contra la centralización, cuyos resultados inevitables son, dicen, la servidumbre y la mecanización de la vida social y de la vida de los partidos.
Pero, si la Unión es responsable de los que hace cada uno de sus miembros, ¿cómo dejar a cada miembro en particular y a los diferentes grupos la libertad de aplicar el programa común de la manera que juzguen mejor? ¿Cómo se puede ser responsable de un acto si no se tiene la facultad de impedirlo? Entonces la Unión, y con ella el comité ejecutivo, debería vigilar la acción de todos sus miembros en particular y proscribir lo que vayan a hacer, y como la desaprobación del hecho realizado no atenúa una responsabilidad formalmente aceptada de antemano, nadie podría hacer lo que fuera antes de haber obtenido la aprobación, el permiso del Comité. Y, por otra parte, un individuo ¿puede aceptar la responsabilidad de los actos de una colectividad antes de saber lo que hará ésta, y cómo puede impedir que se haga lo que él desaprueba?
Además, los autores del Proyecto dicen que es la Unión la que decide y dispone. Pero, cuando se habla de la voluntad de la Unión, ¿se entiende que es la voluntad de todos sus miembros? En ese caso, para que la Unión pueda actuar, hará falta que todos sus miembros, sobre todas las cuestiones, tengan siempre exactamente la misma opinión. Ahora bien, es natural que todos estén de acuerdo en los principios generales y fundamentales, sin que estén unidos, pero no se puede suponer que seres pensantes tengan todos y siempre la misma opinión sobre lo que conviene hacer en todas las circunstancias, y sobre la elección de personas en las que confiar el cargo de dirigir y ejecutar.

El anarquismo y la ley de mayorías
En realidad, así como resulta del texto del Proyecto, por voluntad de la Unión no se puede entender sino la voluntad expresada por congresos que nombran y controlan el comité ejecutivo y deciden sobre todas las cuestiones importantes.
Naturalmente, los congresos estarían compuestos de representantes elegidos por la mayoría en cada grupo adherido, y esos representantes decidirían lo que se habría de hacer, siempre con la mayoría de los votos. Así, en la mejor de las hipótesis, las decisiones serían tomadas por una mayoría de la mayoría que podría perfectamente, en particular cuando las opiniones presentes fueran más de dos, no representar más que a una minoría.
En efecto, hay que destacar que, en las condiciones en que viven y luchan los anarquistas, sus congresos son todavía menos representativos que los Parlamentos burgueses, y su control sobre los órganos ejecutivos, si éstos tienen un poder autoritario, raramente se produce a tiempo y de manera eficaz. En la práctica, a los congresos anarquistas va quien quiere y quien puede, quien consiga el dinero necesario y no tenga el impedimento de las medidas policiales. Se encuentran tanto los que se representan a sí mismos o un pequeño grupo de amigos, como los que realmente aportan las opiniones y deseos de una comunidad numerosa. Y salvo las precauciones que hay que tomar contra los traidores y los espías, y también a causa de esas mismas precauciones, es imposible una seria verificación de los mandatos y de su valor.
De todas maneras, estamos en pleno sistema mayoritario, en pleno parlamentarismo. Se sabe que los anarquistas no admiten el gobierno de la mayoría (democracia); menos admitirán el gobierno de un pequeño número (aristocracia, oligarquía o dictadura de clases o de partido), ni el de uno solo (autocracia, monarquía o dictadura personal).
Los anarquistas han hecho mil veces la crítica al gobierno de mayoría que, en la práctica, conduce siempre a la dominación de una pequeña minoría. ¿Habrá que rehacerla de nuevo para nuestros compañeros rusos?
Los anarquistas reconocen que, en la vida en común, es a menudo necesario que la minoría se conforme con la opinión de la mayoría. Cuando es necesario o útil hacer algo, y para hacerlo es necesaria la participación de todos, el pequeño número debe sentir la necesidad de adaptarse a la voluntad del número mayor. De todos modos, en general, para vivir juntos en paz y bajo un régimen de igualdad, es necesario que todos estén animados de un espíritu de concordia, de tolerancia y sencillez. Pero esta adopción de una parte de los asociados a la otra parte debe ser recíproca, voluntaria, derivar de la conciencia de la necesidad de cada uno de no paralizar la vida social por su obstinación. Es un ideal que, en la práctica, será difícil de realizar de manera absoluta, pero es cierto que todo grupo humano estará más cerca de la anarquía cuanto más libre, más espontáneo e impuesto solamente por la naturaleza de las cosas sea el acuerdo entre la minoría y la mayoría.
Así, si los anarquistas niegan a la mayoría el derecho de gobernar en la sociedad humana general, en la que el individuo está sin embargo forzado a aceptar ciertas restricciones porque no puede aislarse sin renunciar a las condiciones de la vida humana, si quieren que todo se haga por libre acuerdo entre todos ¿cómo sería posible que adopten el gobierno de la mayoría en sus asociaciones esencialmente libres y voluntarias, y que comiencen por declarar que se someterán a las decisiones de la mayoría antes de saber en qué consistirán?
Que la anarquía, la organización libre sin dominación de la mayoría sobre la minoría, y viceversa, sea calificada por quienes no son anarquistas de utopía irrealizable o sólo realizable en un futuro lejano, se comprende; pero es inconcebible que los que profesan ideas anarquistas y querrían realizar la anarquía, o al menos acercarse a ella hoy antes que mañana, renieguen de los principios fundamentales del anarquismo en la organización a través de la que se proponen luchar por su triunfo.

Las bases de la organización anarquista
A mi parecer, una organización anarquista debe establecerse sobre bases muy diferentes de las que nos proponen los compañeros rusos. Plena autonomía, plena independencia y, en consecuencia, plena responsabilidad de los individuos y los grupos; libre acuerdo entre los que creen útil unirse para cooperar en una obra común, deber moral de mantener los compromisos adquiridos y no hacer nada que esté en contradicción con el programa aceptado. Sobre estas bases, se adoptan las formas prácticas, los instrumentos adecuados para dar una vida real a la organización: grupos, federaciones, reuniones, congresos, comités encargados de la correspondencia o de otras funciones. Pero todo debe hacerse libremente, de manera que no bloquee el pensamiento y la iniciativa de los individuos, y solamente para llevar a efectos que serían imposibles o casi ineficaces si estuvieran aislados.
De esta manera, los congresos, en una organización anarquista, sufriendo, como cuerpos representativos que son, de todas las imperfecciones que ya he señalado, están exentos de todo autoritarismo porque no hacen la ley; ni imponen a los otros sus propias deliberaciones. Sirven para mantener y extender las relaciones personales entre los compañeros más activos, para resumir e incitar al estudio de programas sobre las vías y medios de acción, para dar a conocer a todos la situación de las diversas regiones y la acción más urgente en cada una de ellas, para formular las diversas opiniones que tengan desarrollo entre los anarquistas y para hacer una estadística; sus decisiones no son reglas obligatorias, sino sugerencias, consejos, proposiciones que se someten a todos los interesados: sólo son obligatorias y ejecutivas para quienes las acepten, y sólo hasta el punto en que las acepten. Los órganos administrativos que designan -comisión de correspondencia, etc- no tienen ningún poder de dirección, no toman iniciativas si no es por cuenta de los que lo soliciten y aprueben esas iniciativas, no tienen ninguna autoridad para imponer sus propios puntos de vista, que pueden sostener y propagar como grupos de compañeros, pero no pueden presentarlos como opinión oficial de la organización. Publican las resoluciones de los congresos, las opiniones y proposiciones que los grupos e individuos le comuniquen; son útiles a quien quiera servirse de ellos para unas relaciones más fáciles entre los grupos y para una cooperación entre los que estén de acuerdo sobre diversas iniciativas, pero cada uno es libre de corresponder directamente con lo que le parezca bien o de servirse de otros comités designados por grupos especiales. En una organización anarquista, cada miembro puede profesar todas las opiniones y emplear todas las tácticas que no estén en contradicción con los principios aceptados y no perjudiquen la actividad de los otros. En todo caso, una organización durará tanto tiempo como las razones de unión sean más fuertes que las de disolución; en el caso contrario, se disolverá y dejará sitio a otros grupos más homogéneos. Desde luego, la duración, la permanencia de una organización es una condición de éxito en la larga lucha que tenemos que sostener y, por otra parte, es natural que toda institución aspire, por instinto, a durar indefinidamente. Pero la duración de una organización libertaria debe ser la consecuencia de la afinidad espiritual de sus miembros y de las posibilidades de adaptación de su constitución a los cambios y circunstancias; cuando no sea capaz de una misión útil, lo mejor es que muera.

Para concluir
Estos compañeros rusos tal vez consideren que una organización tal y como yo la concibo y tal y como se ha realizado, más o menos bien, en diferentes épocas, es poco eficaz. Lo comprendo. Estos compañeros están obsesionados por el éxito de los bolcheviques en su país; querrían, a semejanza de ellos, reunir a los anarquistas en una especie de ejército disciplinado que, bajo la dirección ideológica y práctica de algunos jefes, marchara, compacto, al asalto de los regímenes actuales y que, obtenida la victoria material, dirigiera la constitución de la nueva sociedad. Y quizás sea verdad que con ese sistema, admitiendo que los anarquistas se prestaran y que los jefes fueran hombres de genio, nuestra fuerza material sería mayor. Pero ¿para qué? ¿No pasaría con el anarquismo lo que ha pasado en Rusia con el socialismo y el comunismo? Estos compañeros están impacientes por el éxito, nosotros también lo estamos, pero no es necesario, para vivir y vencer, renunciar a las razones de la vida y desnaturalizar el carácter de la eventual victoria. Queremos combatir y vencer, pero como anarquistas y por la anarquía.

Errico Malatesta

III.- La Síntesis Anarquista

LA SÍNTESIS ANARQUISTA


Se entiende por "síntesis anarquista" una tendencia desarrollada actualmente en el seno del movimiento libertario, que trata de conciliar y "sintetizar" las diferentes corrientes de ideas que dividen a estos movimientos en diversas fracciones más o menos hostiles entre sí. Se trata, en el fondo, de unificar en cierta medida tanto la teoría como el movimiento anarquistas en un conjunto armonioso, ordenado, acabado. Y digo en cierta medida porque, naturalmente, la concepción anarquista no podría ni debería jamás hacerse rígida, inmutable, estancada. Debe permanecer ligera, viva, rica en ideas y tendencias. Pero ligereza no debe significar confusión. Y, por otra parte, entre inmovilidad y fluctuación existe un estado intermedio. Es precisamente ese estado intermedio el que la síntesis anarquista trata de precisar, de fijar y de alcanzar.
Fue sobre todo en Rusia, durante la Revolución de 1917, cuando la necesidad de tal unificación, de tal síntesis, se hizo sentir. Muy débil ya materialmente (pocos militantes, escasos medios de propaganda, etc.) en relación a otras corrientes políticas y sociales, el anarquismo se vio aun más debilitado durante la Revolución Rusa como consecuencia de las luchas intestinas que lo desgarraban. Los anarcosindicalistas no querían entenderse con los anarquistas comunistas y, al mismo tiempo, unos y otros se enfrentaban con los individualistas (sin hablar de otras tendencias). Ese estado de cosas impresionó dolorosamente a varios compañeros de tendencias diversas. Perseguidos y finalmente expulsados de la gran Rusia por el gobierno bolchevique, algunos de estos compañeros fueron a militar a Ucrania, donde el ambiente político era más favorable y donde, de acuerdo con otros compañeros ucranianos, decidieron crear un movimiento anarquista unificado, reclutando militantes serios y activos por todas partes, sin distinción de tendencia. El movimiento adquirió enseguida una amplitud y un vigor excepcionales. Para consolidarse e imponerse definitivamente, sólo le faltaba una cosa: una cierta base teórica.
Sabiéndome un adversario decidido de las nefastas querellas entre las diversas corrientes del anarquismo, sabiendo que pensaba como ellos en la necesidad de conciliarlas, algunos compañeros acudieron a buscarme en una pequeña ciudad de la Rusia central y me propusieron que fuera a Ucrania para tomar parte en la creación de un movimiento unificado, proporcionarle un fondo teórico y desarrollar la tesis en la prensa libertaria.
Acepté la proposición. En noviembre de 1918, el movimiento anarquista unificado de Ucrania se puso en marcha. Se formaron varios grupos y enviaron a sus delegados a la primera conferencia constituyente, que creó la Confederación Anarquista de Ucrania Nabat (toque a rebato). Esta conferencia elaboró y adoptó por unanimidad una Declaración que proclamaba los principios fundamentales del nuevo organismo. Se decidió que muy pronto se ampliaría esa breve declaración de principios y se completaría y comentaría en la prensa libertaria. Los tempestuosos acontecimientos no impidieron ese trabajo teórico. La Confederación de Nabat hubo de sostener luchas ininterrumpidas y encarnizadas. Pronto se vio "liquidada" por las autoridades bolcheviques que se instalaron en Ucrania. Aparte de algunos artículos de periódicos, la Declaración de la primera conferencia de Nabat fue y seguirá siendo la única muestra de la tendencia unificadora (o "sintetizadora") del movimiento anarquista ruso.
Las tres ideas clave que, después de la Declaración, deberían ser aceptadas por todos los anarquistas serios con el fin de unificar el movimiento son las siguientes:
1. La admisión definitiva del principio sindicalista, que indica el verdadero método de la revolución social; 2. la admisión definitiva del principio comunista (libertario), que establece la base organizativa de la nueva sociedad en formación; 3. La admisión definitiva del principio individualista; la emancipación total y la felicidad del individuo son el verdadero objetivo de la revolución social y de la nueva sociedad.
Desarrollando estas ideas, la Declaración trata de definir con claridad la noción de "revolución social" y de destruir la tendencia de ciertos libertarios que buscan adaptar la anarquía al llamado "período transitorio".
Dicho esto, preferimos, en lugar de retomar los argumentos de la Declaración, desarrollar la argumentación teórica de la síntesis.
La primera cuestión a resolver es la siguiente:
La existencia de diversas corrientes anarquistas enemigas, que disputan entre sí ¿es un hecho positivo o negativo? La descomposición de la idea y movimiento libertarios en diversas tendencias que se oponen ¿favorece u obstaculiza el éxito de la concepción anarquista? Si se considera favorable, es inútil toda discusión. Si, por el contrario, se considera perjudicial, habrá que extraer las necesarias conclusiones.
Respondemos así a esta primera cuestión:
Al principio, cuando la idea anarquista aun estaba poco desarrollada, confusa, fue natural y útil analizarla bajo todos los aspectos, descomponerla, examinar a fondo cada uno de sus elementos, confrontarlos, oponerlos etc. Y eso es lo que se hizo. El anarquismo se descompuso en diversos elementos (o corrientes). Así el conjunto, demasiado general y vago, fue diseccionado, lo que ayudó a profundizar, a estudiar a fondo ese conjunto de elementos. Por aquel entonces, la desarticulación de la concepción anarquista fue por tanto un hecho positivo. Diversas personas se interesaron por las diferentes corrientes del anarquismo; los detalles y el conjunto ganaron en profundidad y en precisión. Pero, por eso mismo, una vez se llevó a cabo esta primera parte, una vez que se examinaron todos los elementos del pensamiento anarquista (comunismo, individualismo, sindicalismo), había que pensar en reconstruir, con esos elementos bien trabajados, el conjunto orgánico del que provenían. Tras un análisis fundamental, había que volver (conscientemente) a la síntesis beneficiosa.
Un hecho curioso: no se volvió a pensar en esta necesidad. Las personas que se interesaron por ese elemento dado del anarquismo acabaron por sustituirlo. Naturalmente, pronto tuvieron desacuerdos y, al final, conflicto con quienes trataban del mismo modo otras parcelas de la verdad entera. Así, en lugar de abordar la idea de la fusión de los elementos dispersos (que, tomados por separado, no podían servir de mucho) en un conjunto orgánico, los anarquistas emprendieron durante muchos años la estéril tarea de oponer enconadamente sus "corrientes". Cada uno consideraba "su" corriente, "su" parcela, como la única verdad y combatía encarnizadamente contra los partidarios de las otras corrientes. Así empezó, en las filas libertarias, ese pataleo caracterizado por la ceguera y la animosidad, que continúa en nuestros días y que debe considerarse perjudicial para el desarrollo normal de la concepción anarquista.
Nuestra conclusión es clara. La división de la idea anarquista en diversas corrientes ha cumplido su papel. Ya no tiene ninguna utilidad. Ahora mantiene al movimiento estancado, le causa enormes perjuicios y no ofrece ya -no puede- nada positivo. El primer período -en el que el anarquismo buscaba, se precisaba y se fraccionaba inevitablemente en su tarea- ha terminado. Es el momento de ir más lejos.
Si la dispersión del anarquismo es actualmente un hecho negativo, perjudicial, hay que tratar de ponerle fin. Se trata de recobrar el conjunto entero, de unir los elementos desperdigados, de encontrar y reconstruir conscientemente la síntesis abandonada.
Entonces surge otra cuestión: ¿es posible actualmente esta síntesis? ¿No será una utopía? ¿Se le podría proporcionar una cierta base teórica?
Respondemos que sí. Es perfectamente posible una síntesis del anarquismo (o, si se prefiere, un anarquismo "sintético"). No es en absoluto una utopía. Sólidas razones de orden teórico hablan en su favor. Anotemos brevemente algunas de estas razones, las más importantes, en su sucesión lógica:
1. Si el anarquismo aspira a la vida, si confía en un futuro mejor, se quiere llegar a ser un elemento orgánico y permanente de la vida, una de sus fuerzas activas, fecundas, creadoras, deberá entonces tratar de situarse lo más cerca posible de la vida, de su esencia, de su última verdad. Sus bases ideológicas deben concordar lo más posible con los elementos fundamentales de la vida. Está claro, en efecto, que si las ideas primordiales del anarquismo se encontraran en contradicción con los verdaderos elementos de la vida y de la evolución, el anarquismo no podría ser vital. Ahora bien ¿qué es la vida? ¿Se podría, de algún modo, definir y formular su esencia, fijar sus rasgos característicos? Sí, es posible. No se trata, ciertamente, de una fórmula científica de la vida -fórmula que no existe- sino de una definición más o menos pura y justa de su esencia visible, palpable, concebible. Es este orden de ideas, la vida es, antes que nada, una gran síntesis: un conjunto inmenso y complicado, orgánico y original, de múltiples elementos variados.
2. La vida es una síntesis. ¿Cuáles son, pues, la esencia y la originalidad de esta síntesis? Lo esencial de la vida es que la más grande variedad de sus elementos -que se encuentran además en movimiento perpetuo- realiza al mismo tiempo, y también perpetuamente, una cierta unidad, o más bien un cierto equilibrio. La esencia de la vida, la esencia de su síntesis sublime, es la tendencia constante hacia el equilibrio, incluso la realización constante de un cierto equilibrio, en la más grande diversidad y en un movimiento perpetuo (advirtamos que la idea de un equilibrio de ciertos elementos como la esencia biofísica de la vida está confirmada por experiencias científicas físico-químicas).
3. La vida es una síntesis. La vida (el universo, la naturaleza) es un equilibrio (una especie de unidad) en la diversidad y en el movimiento (o, si se prefiere, una diversidad y un movimiento en equilibrio). Por lo tanto, si el anarquismo desea marchar a la par que la vida, si trata de ser uno de sus elementos orgánicos, si aspira a concordar con ella y a llegar a un verdadero resultado en lugar de estar en oposición con ella, deberá, sin renunciar a la diversidad ni al movimiento, realizar también, y siempre, el equilibrio, la síntesis, la unidad.
Pero no basta con afirmar que el anarquismo puede ser sintético: debe serlo. La síntesis del anarquismo no sólo es posible, no sólo es deseable: es indispensable. Conservando la diversidad viva de sus elementos, evitando el estancamiento, aceptando el movimiento -condiciones esenciales de su vitalidad- el anarquismo debe buscar, al mismo tiempo, el equilibrio en esta diversidad y este movimiento mismo.
La diversidad y el movimiento sin equilibrio es el caos. El equilibrio sin diversidad ni movimiento es el estancamiento, la muerte. La diversidad y el movimiento en equilibrio es la síntesis de la vida. El anarquismo debe ser variado, móvil y, al mismo tiempo, equilibrado, sintético, unido. En el caso contrario, no será vital.
4. Por último, hagamos observar que el verdadero fondo de la diversidad y del movimiento de la vida es la creación, es decir, la producción constante de nuevos elementos, de nuevas combinaciones, de nuevos movimientos, de un nuevo equilibrio. La vida es una diversidad creadora. La vida es un equilibrio en una creación ininterrumpida. Por lo tanto, ningún anarquista podría pretender que "su" corriente fuera la verdad única y constante, y que todas las demás tendencias en el anarquismo fueran absurdas. Es, por el contrario, absurdo que un anarquista se deje atrapar en la limitación de una sola pequeña "verdad", la suya, y que olvide así la gran verdad real de la vida: la perpetua creación de formas nuevas, de combinaciones nuevas, de una síntesis constantemente renovada.
La síntesis de la vida no es estacionaria: crea, modifica constantemente sus elementos y sus relaciones mutuas.
El anarquismo pretende participar, en los terrenos que le son accesibles, en los actos creadores de la vida. Por lo tanto, debe ser, dentro de los límites de su concepción, amplio, tolerante, sintético, como movimiento creador.
El anarquista debe observar atentamente, con perspicacia, todos los elementos serios del pensamiento y movimiento libertarios. Lejos de precipitarse en un solo elemento cualquiera, debe buscar el equilibrio y la síntesis de todos esos elementos recibidos. Debe, además, analizar y controlar constantemente esa síntesis, comparándola con los elementos de la vida con el fin de estar siempre en armonía perfecta con ésta última. En efecto, la vida no se mantiene quieta, cambia. Y, en consecuencia, el papel y las relaciones mutuas de los diversos elementos de la síntesis anarquista no serán siempre los mismos: en los diversos casos, será tanto uno como otro de los elementos los que habrá que subrayar, apoyar, poner en marcha.

Algunas palabras sobre la realización concreta de la síntesis.
1. No hay que olvidar nunca la realización de la revolución, que la creación de las formas nuevas de la vida no nos incumbirán a nosotros, anarquistas aislados o ideológicamente agrupados, sino a las amplias masas populares, que cumplirán esa inmensas tarea destructora y creadora. Nuestro papel en esta realización se limitará al de fermento, de elemento de consejo, de ejemplo. En cuanto a las formas en las que se desarrollará el proceso, sólo podemos entreverlas de forma aproximada. No tiene sentido pelearse por los detalles en lugar de prepararnos, en un esfuerzo común, para el futuro.
2. Tiene menos sentido reducir toda la inmensidad de la vida, de la revolución, de la creación futura, a pequeñas ideas de detalle y a disputas mezquinas. Ante las grandes tareas que nos esperan es ridículo y vergonzoso ocuparse de esas tonterías. Los libertarios deberán unirse sobre la base de la síntesis anarquista. Deberán crear un movimiento anarquista unido, entero, vigoroso. Mientras no lo creen, estarán al margen de la vida.
¿En qué formas concretas podremos prever la reconciliación, la unificación de los anarquistas y, luego, la creación de un movimiento libertario unificado?
Antes que nada, debemos subrayar que no nos imaginamos esta unificación como un ensamblado mecánico de los anarquistas de las diversas tendencias en una suerte de campamento abigarrado en el que cada uno permanezca en su posición intransigente. Semejante unificación no sería una síntesis sino un caos. Desde luego, un simple acercamiento amistoso de los anarquistas de las diversas tendencias y una mayor tolerancia en sus relaciones mutuas (cese de la polémica violenta, colaboración en las publicaciones anarquistas, participación en los mismos organismos activos, etc.) sería un gran paso adelante en relación con lo que sucede actualmente en las filas libertarias. Pero consideramos ese acercamiento y esa tolerancia como, únicamente, el primer paso hacia la creación de la verdadera síntesis anarquista de un movimiento libertario unificado. Nuestra idea de la síntesis y de la unificación va mucho más lejos. Prevé algo más fundamental, más "orgánico".
Creemos que la unificación de los anarquistas y del movimiento libertario deberá perseguirse, paralelamente, en dos sentidos, especialmente:
a) Hay que comenzar inmediatamente un trabajo teórico que concilie, combine y sintetice nuestras ideas que a primera vista parecen heterogéneas. Es necesario encontrar y formular en las diversas corrientes del anarquismo, por una parte todo los que debe ser considerado falso, que no coincide con la verdad de la vida y debe ser rechazado; por otra parte, todo lo que debe constatarse como justo, apreciable, admitido. A continuación, hay que combinar todos esos elementos justos y de valor, creando con ellos un conjunto sintético. Es sobre todo en este primer trabajo preparatorio donde los acercamientos de los anarquistas de las diversas tendencias y su tolerancia mutua podrán tener la gran importancia de un primer paso decisivo. Y, en fin, ese conjunto sintético deberá ser aceptado por todos los militantes serios y activos del anarquismo como base de la formación de un organismo libertario unido, cuyos miembros estarán así de acuerdo con un conjunto de tesis fundamentales aceptadas por todos.
Ya hemos citado el ejemplo concreto de un organismo así: la Confederación Nabat, en Ucrania. Añadamos aquí a lo que ya hemos dicho antes que la aceptación por todos los miembros de Nabat de ciertas tesis comunes no impedía a los compañeros de las diferentes tendencias apoyar sobre todo, en su actividad y su propaganda, las ideas que les interesaban. Así unos (los sindicalistas) se ocupaban sobre todo de los problemas concernientes al método de la organización de la revolución; otros (los comunistas) se interesaban preferentemente por la base económica de la nueva sociedad; los terceros (los individualistas) destacaban especialmente las necesidades, el valor real y las aspiraciones del individuo. Pero la condición obligatoria para ser aceptado en Nabat era la admisión de esos tres elementos como partes indispensables del conjunto, y la renuncia a la hostilidad entre las diversas tendencias. Los militantes estaban unidos de manera "orgánica", porque todos aceptaban una serie de tesis fundamentales. Así es como nos imaginamos nosotros la unificación concreta de los anarquistas sobre la base de una síntesis de las ideas libertarias teóricamente establecida.
b) Simultánea y paralelamente al mencionado trabajo teórico deberá crearse la organización unificada sobre la base del anarquismo comprendido sintéticamente.
Para terminar, subrayemos de nuevo que no renunciamos en absoluto a la diversidad de las ideas y las corrientes en el seno del anarquismo. Pero hay diversidad y diversidad. Esta, especialmente, que existe entre nuestras filas actualmente, es un mal, un caos. Consideramos su presencia como una falta muy grave. Somos de la opinión de que la variedad de nuestras ideas sólo podrá ser y será un elemento progresivo y fecundo en el seno de un movimiento común, de un organismo unido, edificado sobre la base de ciertas tesis generales admitidas por todos los miembros y sobre la aspiración a una síntesis.
Sólo en el ambiente de un impulso común, sólo en las condiciones de búsqueda de tesis justas y de su aceptación, tendrán valor, serán útiles y fecundas nuestras aspiraciones, nuestras discusiones y nuestras disputas. Así sucedió precisamente en Nabat. En cuanto a las disputas y las polémicas entre las pequeñas capillas, predicando cada una "su" verdad única, no podrán llegar sino a la continuación del caos actual, de las luchas intestinas interminables y del estancamiento del movimiento.
Hay que discutir esforzándose por encontrar la unidad fecunda, y no por imponer a toda costa "su" verdad contra la de los otros. No es esa discusión la que conduce a la verdad. En cuanto a la otra discusión, sólo llevará a la hostilidad, a las querellas vanas y al fracaso.

Volin

IV.- Anarquia sin adjetivos

ANARQUÍA SIN ADJETIVOS



Barcelona, 7 de agosto de 1890
Compañeros de La Révolte:

Quisiera explicar con claridad la idea que me hago de la táctica revolucionaria de los anarquistas franceses; por ello se debe que, no pudiendo escribir una serie de artículos como haría falta, os envío esta carta. De ella sacaréis lo que contenga de bueno.
La decisión revolucionaria no ha faltado nunca en el carácter francés, habiendo demostrado los anarquistas, en infinidad de circunstancias, que no carecen de propagandistas y de revolucionarios. El número de adherentes es bastante grande y... con grandes pensadores, propagandistas decididos y adeptos entusiastas, Francia, en verdad, es el país donde se producen menos actos importantes para la anarquía, Esto es lo que me hace pensar. He aquí por qué os he dicho que creía que vuestra táctica revolucionaria no era buena. Nada fundamental divide a los anarquistas franceses de los anarquistas españoles y, sin embargo, en la práctica, nos encontramos a gran distancia. Todos nosotros aceptamos la anarquía como la integración de todas las libertades y su sola garantía; como la impulsión y la suma del bienestar humano. No más leyes ni represioness; desarrollo espontáneo, natural en todos los actos. Ni superiores ni inferiores, ni gobiernos ni gobernados. Anulación de toda distinción de rango; solamente seres conscientes que se buscan, que se atraen, discuten, resuelven, producen, se aman, sin otra finalidad que el bienestar común. Así es como todos concebimos la anarquía, como todos concebimos la sociedad del porvenir; y es para la realización de ese concepto que trabajamos todos. ¿Dónde, pues, están las diferencias?
Según me parece, vosotros, extasiados por la contemplación del Ideal, os habeis trazado una línea de conducta ideal, un puritanismo improductivo, en el cual malgastais cantidad de fuerzas, que podrían hacer desaparecer a los más fuertes organismos y que, así mal empleadas, nada producen. Olvidais que no estais rodeados por seres libres, celosos de su libertad y de su dignidad, sino por esclavos que esperan ser liberados. Olvidais que vuestros adversarios están organizados y todos los días procuran fortalecerse más para continuar imperando. Olvidais, en fin, que aun los que trabajan para el bien viven en la desorganización social actual y están llenos de vicios y prejuicios.
De todo esto se deduce que aceptais una libertad absoluta y todo lo esperais de la iniciativa individual, llevada a un punto tal en que ya no hay pacto o acuerdo posibles. Sin acuerdos, sin reuniones en las cuales se tomen resoluciones, lo importante y esencial sería que cada cual haga lo que más le plazca. Con el resultado de que si alguien desea hacer algo bueno, carece de lugar para reunirse con todos los que piensan como él, con el fin de exponer su iniciativa, escuchar sus consejos y aceptar su concurso; debe hacerlo todo por sí mismo o no hacer nada.
De este modo, crear comisiones para trabajos administrativos, o fijar contribuciones para hacer frente a tal o cual necesidad, sería una imposición. De manera que si un compañero o un grupo quiere relacionarse con todos los anarquistas de Francia o del mundo para una determinada idea, no puede hacerlo y debe renunciar a la idea. Todo cuanto no sea la revolución social sería así una tontería. ¿Preocuparse los anarquistas porque los salarios se vuelvan aún más insuficientes, porque la jornada de trabajo se alargue, porque se insulte a los obreros en los talleres o porque las mujeres sean prostituidas por los patronos? Vuestro criterio es que mientras dure el régimen burgués esas cosas ocurrirán siempre y sólo hay que preocuparse por la meta final. Procediendo así ocurre que la mayoría de los proletarios que sufren y creen en una liberación próxima no hacen caso a los anarquistas.
Si continuara podría amontonar ejemplos, que nos llevarían siempre al mismo resultado: impotencia. No porque vosotros carezcais de elementos, sino porque están dispersos, sin conexión entre ellos.
En España seguimos una táctica completamente diferente, que a no dudar para vosotros será una herejía digna de la mayor excomunión, una práctica falaz que debe separarse del campo de acción anarquista. No obstante, creemos que solamente de este modo podremos hacer penetrar nuestras ideas en el seno del proletariado y deshacernos del mundo burgués. Al igual que vosotros, deseamos la pureza del programa anarquista. Nada hay tan intransigente y categórico como las ideas. No admitimos términos medios y ninguna clase de atenuantes. Por eso en nuestros escritos tratamos de ser tan explícitos como podemos. Nuestro norte es la anarquía, el punto que deseamos alcanzar y hacia el cual dirigimos nuestra marcha. Pero en nuestro camino hay toda clase de obstáculos y para despejarlo empleamos los medios que nos parecen mejores. Si no podemos adaptar nuestra conducta a nuestras ideas, lo hacemos saber, tratando así de acercarnos lo más posible al Ideal. Hacemos lo que haría un viajero que quisiera ir a un país de clima templado y para llegar a él debiera atravesar los trópicos y las zonas glaciares: iría provisto de ropa liviana y de buenas mantas, que dejará a un lado llegado a destino. Sería estúpido y también ridículo querer pelear a puñetazos contra un enemigo tan bien armado.
De los expresado procede nuestra táctica. Somos anarquistas y expresamos la anarquía sin adjetivos. La anarquía es un axioma y la cuestión económica algo secundario. Se nos objetará que es por la cuestión económica que la anarquía es una verdad. Pero nosotros creemos que ser anarquista significa ser adversario de toda autoridad e imposición y, por consecuencia, sea cual sea el sistema que se preconice, es por considerarlo la mejor defensa de la anarquía, no deseando imponerlo a quienes no lo aceptan.
Lo que no quiere decir que pongamos de lado la cuestión económica. Al contrario, nos agrada discutirla, pero solamente como una aportación a la solución o soluciones definitivas. Cosas excelentes han dicho Cabet, Saint-Simon, Fourier, Robert Owen y otros; pero todos sus sistemas han desaparecido porque querían encerrar a la Sociedad en los conceptos de sus cerebros, aunque mucho de bueno hicieran para el esclarecimiento de la gran cuestión.
Observad que desde el instante en que proponeis delinear la sociedad futura por un lado surgen las objeciones y las preguntas a los adversarios; y por el otro, el deseo natural por hacer una obra completa y perfeccionada nos llevará a inventar y trazar un sistema que, de ello estamos seguros, habrá de desaparecer como los otros.
Del individualismo anarquista de Spencer y otros pensadores burgueses, hasta los anarquistas-individualistas socializantes –no encuentro otras expresiones- hay una gran distancia, como ocurre entre los anarquistas colectivistas españoles de una región a otra; entre los mutualistas ingleses y norteamericanos, los comunistas libertarios, etc.
Kropotkin, por ejemplo, nos habla de la aldea industriosa, reduciendo su sistema, o si se quiere su teoría, a la reunión de pequeñas comunidades que producen lo que quieren, el actual progreso de la civilización. En cambio Malatesta, que también es comunista libertario, desea la construcción de grandes organizaciones intercambiando sus productos, que aún habrán de aumentar la potencia creadora y la asombrosa actividad de este siglo XIX, exenta de toda acción nociva.
Cada persona inteligente señala y crea rutas nuevas para la sociedad futura, haciendo adeptos por fuerza hipnótica –si así se puede decir-, sugestionando a otros cerebros con estas ideas. Todos, en general, tenemos sobre esto nuestro plan particular.
Convengamos, pues, como casi todos hemos hecho en España, en llamarnos simplemente anarquistas. En nuestras conversaciones, en nuestras conferencias y en nuestra prensa, discutamos sobre las cuestiones económicas, pero nunca las mismas deberían ser causa de división entre los anarquistas. Para el desarrollo de la propaganda, para la conservación del Ideal, tenemos necesidad de conocernos y vernos, debiendo para esto constituir grupos. En España los hay en casi todas las ciudades, pueblos y aldeas donde hay anarquistas. Son la fuerza impulsora de todo movimiento revolucionario. Los anarquistas no tienen dinero ni medios fáciles para procurárselo; para obviar esto, la mayoría de nosotros se ha impuesto una pequeña contribución semanal o mensual.
Procediendo así, podemos mantener las relaciones necesarias entre todos los asociados y podríamos tenerlas con toda la Tierra, si los otros países tuviesen una organización como la nuestra. En nuestros grupos no hay autoridad. Ponemos a un compañero como secretario para recibir la correspondencia, a otro como cajero, etc. Cuando son ordinarias, las reuniones se hacen cada semana o cada quince días; si son extraordinarias, cuantas veces sea necesario. Para ahorrar gastos y trabajo, y también como medida de prudencia en caso de persecución, se crea una comisión de relaciones a escala nacional. La que no toma iniciativas. Quienes la componen deben dirigirse a su grupo si desean hacer proposiciones. Su misión es la de hacer conocer a todos los grupos las resoluciones y proposiciones que se le comuniquen desde uno o varios grupos, tomar nota de todas las direcciones que se le comunican y enviarlas a los grupos que las solicitan, para ponerse en relación directa con otros.
Tales son las líneas generales de la organización que fue aceptada en el congreso de Valencia y de la que hablasteis en La Révolte. El bien que produce es inmenso. Es el que mantiene vivas las ideas anarquistas. Pero, estad seguros, si redujéramos nuestra acción a la sola organización anarquista, obtendríamos poca cosa. Acabaríamos por transformarla en una organización de pensadores discutiendo sobre ideas, que con seguridad degeneraría en una sociedad de metafísicos discutiendo sobre palabras. Algo y mucho de esto os ocurre a vosotros en Francia. Al emplear vuestra actividad solamente para discutir sobre el Ideal, acabais discutiendo sobre el significado de los vocablos. Unos os llamais egoístas y otros altruístas, para querer ambos la misma cosa; u os llamais comunistas libertarios los unos y los otros individualistas, para en el fondo expresar las mismas ideas.
No debemos olvidar que la mayoría de los proletarios está obligada a trabajar un número excesivo de horas, que se encuentra en la mayor miseria y que, por consecuencia, no puede comprar libros de Buchner, Darwin, Spencer, Lombroso, Max Nordau, etc., de los cuales apenas si conoce los nombres. Y si aun el proletario pudiese procurarse libros, carece de estudios preparatorios de física, química, historia natural y matemáticas necesarios para comprender bien lo que se lee. Tampoco tiene tiempo para estudiar con método ni su cerebro está lo bastante ejercitado para poder asimilar bien estos estudios. Hay excepciones como la de Esteban en Germinal. Sedientos por saber, devoran cuanto pueden leer, pero casi nada retienen.
Nuestro campo de acción no está solamente en el seno de los grupos, sino en medio del proletariado.
Es en las sociedades de resistencia donde estudiamos y preparamos nuestro plan de lucha. Estas sociedades existirán mientras dure el régimen burgués. Los trabajadores que no son escritores, poco se preocupan de si existe o no libertad de prensa. Los trabajadores que no son oradores, poco se ocupan de la libertad de reunión. Consideran que las libertades políticas son cosa secundaria, pues todos desean mejorar su condición económica en el presente, sacudiendo el yugo de la burguesía. Debido a esto habrá sindicatos y sociedades de resistencia mientras persista la explotación del hombre por el hombre. Aquí está nuestro lugar. Abandonando a los proletarios como vosotros habeis hecho en Francia, caen presa de cuatro vividores que hablan a los trabajadores de socialismo científico o practicismo, posibilismo, colaboracionismo, amontonamiento de capitales para sostener huelgas pacíficas, solicitudes de ayuda y apoyo a las autoridades, etc., con el fin de adormecerlos y frenar su impulso revolucionario. Si los anarquistas estuviesen en estas sociedades, al menos impedirían que los adormecedores hicieran propaganda contra nosotros. Y si además ocurriese, cual pasa en España, que los anarquistas fuesen los miembros más activos de dichas sociedades, los que hacen todo el trabajo necesario sin retribución alguna, contrariamente a dichos adormecedores que explotan a los proletarios, ocurriría que estas sociedades estarían siempre de nuestro lado. En España son estas sociedades las que, todas las semanas, compran periódicos anarquistas en gran cantidad para distribuirlos gratis a sus miembros; son estas sociedades las que dan el dinero para sostener nuestras publicaciones y para socorrer a los prisioneros y a los perseguidos. Por nuestra conducta mostramos en estas sociedades que luchamos por amor a nuestras ideas. Además, vamos a todas partes donde hay obreros e incluso a donde no los hay, cuando creemos que nuestra presencia puede ser útil a la causa de la anarquía. Así es como en Cataluña (y ahora también ocurre en las otras regiones de España) no existe un municipio en donde no hayamos creado, o al menos ayudado a crear, corporaciones con el nombre de círculos, ateneos, centros obreros, etc., que sin llamarse anarquistas y sin serlo realmente, simpatizan con nuestras ideas.
Allí damos conferencias puramente anarquistas, propagando en las reuniones musicales o literarias nuestros trabajos revolucionarios. En estos lugares, sentados en la mesa del café, discutimos y nos vemos todas las noches. O estudiamos en la biblioteca.
Es en sitios así donde instalamos las redacciones de nuestros periódicos y los que llegan como canje van a parar al salón de lectura. Todo esto con una organización libre y casi sin gastos. Por ejemplo, en nuestros círculos de Barcelona no se está obligado a ser socio; lo son quienes quieren y la contribución de 25 céntimos al mes es también voluntaria. De los tres mil obreros que vienen a nuestros locales, solamente trescientos son socios. Podríamos afirmar que estos locales son los focos de nuestras ideas. Sin embargo, aunque el gobierno ha buscado siempre pretextos para cerrarlos, no lo ha logrado, pues no se rotulan anarquistas y tampoco es en ellos donde se tienen las reuniones específicas. Nada se hace en dichos lugares que no se haría en no importa qué café público; pero como allí van a menudo todos los elementos activos, a menudo surgen grandes cosas. Y esto sin formulismos, saboreando una taza de café o un vaso de aguardiente.
Tampoco olvidamos a las sociedades cooperativas de consumo. En casi todos los pueblos de Cataluña, excepto en Barcelona, donde es imposible a causa de las grandes distancias y del modo de vivir, se han creado cooperativas de consumo. Allí los obreros encuentran comestibles más baratos y de mejor calidad que en las tiendas minoristas; y esto sin que ninguno de los socios mire a la cooperación como meta final, sino solamente como un buen medio que debe aprovechar. Hay sociedades coooperativas que hacen grandes compras y que tienen un crédito de cincuenta o sesenta mil pesetas. Han sido de gran utilidad en la huelga, dando créditos a los obreros. En los ateneos de los señores –o de los sabios, cual se los llama- se discute sobre el socialismo; entonces van dos compañeros a inscribirse como miembros (si no tienen dinero se lo da la corporación) y sostienen allí nuestro Ideal.
Lo mismo hace nuestra prensa. Nunca deja de lado las ideas anarquistas; pero da cabida a manifiestos, comunicaciones y noticias que, aunque puedan parecer sin importancia, sirven, sin embargo, para hacer penetrar nuestro periódico y con él nuestras ideas en los pueblos o en los círculos que no las conocían. He aquí nuestra táctica y creo que, si se la adoptase en otros países, pronto verían los anarquistas ampliarse su campo de acción.
Pensad que en España la mayoría no sabe leer y, sin embargo, se publican seis periódicos anarquistas, libros, folletos, etc., en gran cantidad. Continuamente se dan mítines y, sin que tengamos grandes propagandistas, se producen hechos muy importantes.
En España, la burguesía es despiadada y rencorosa, no pudiendo sufrir que alguien de su clase simpatice con nosotros. Cuando algún hombre de posición se pone de nuestro lado, se le saca enseguida todo medio de vida, obligándole a que nos abandone, de manera que sólo puede ayudarnos en privado. Al contrario, la burguesía le da cuanto desea si se aleja de nosotros. Por consiguiente, todo el trabajo a favor de la anarquía reposa en los hombros de los trabajadores manuales, que por él deben sacrificar sus horas de descanso.
Si en Francia, Inglaterra, Italia, Suiza, Bélgica y América del Norte, donde hay un número bastante grande de buenos elementos, se cambiase de táctica ¡qué progreso haríamos!
Creo haber dicho bastante para hacerme comprender de vosotros.
Vuestro y de la revolución social.

Fernando Tarrida del Mármol

* Iª JORNADAS LIBREPENSAMIENTO. Junio 2008


Programa junio 2008







Crónica de las jornadas junio 2008



1ª Jornadas Librepensamiento. Crónica para caminar sin dogma.

El jueves 19 de junio comenzaron las jornadas en el teatro de las Aguas entre el dorado y el rojo del teatro a la italiana, con la proyección de la película de Galileo, drama biográfico sobre el brillante matemático y científico Galileo Galilei de Joseph Losey basado en la homónima obra de Bertol Brech, obra hecha, no para entretener, sino plantear interrogantes, suscitar dudas y movilizar el pensamiento. La vida de Galileo es una invitación a la reflexión sobre la lucha que el conocimiento científico ha tenido que librar contra los prejuicios que representó la Iglesia católica en defensa del dogma que mantiene los intereses y privilegios de la clase dominante. Tras la proyección hubo un interesante debate sobre el dogma y la ignorancia, pilares del privilegio para que todo se mantenga sin cambio. Ignorancia que hoy se mantiene y que el Estado ha conseguido hacerlo con la complicidad de los propios ignorantes haciendo creer que lo que sabemos es suficiente para nuestra vida, lo mismo que le dijo la jerarquía eclesiástica a Galileo, no es necesario aprender más, las cosas están bien como están.

Continuamos el viernes 20 con una conferencia sobre el lugar que ha ocupado y ocupa dios en el pensamiento.

¿Por qué Dios con tanta frecuencia en el pensamiento, especialmente en la modernidad a partir de Descartes? La respuesta a esta cuestión no puede reducirse a un nivel personal, ya que muchos filósofos, en cuyo pensamiento aparece Dios, no eran personas religiosas o, incluso, declaraban abiertamente su agnosticismo o ateísmo. Descartes, pensador claro y brillante, fue el elegido en la conferencia para tratar de explicar esta cuestión, ya que es el iniciador de la época moderna en la filosofía. El autor del "Discurso del método", iniciador también de la filosofía de la subjetividad y pensador barroco, comienza con la duda, muy acorde con el escepticismo filosófico imperante en el contexto histórico que le tocó vivir. Al hablar de "duda" lo que se quiere plantear es que ante el más mínimo planteamiento que ponga en cuestion la verdad, que no parezca absolutamente verdadero, se considerará entonces falso y se eliminará. Ante la disyuntiva, presente desde los inicios de la filosofía, entre el conocimiento sensible y el conocimiento racional, Descartes considerará que los sentidos nos engañan; ante la evidencia de que el conocimiento sensible nos engaña en ciertas ocasiones, concluirá que pueden engañarnos siempre. Así, en este primer nivel de duda se puede decir que Descartes se carga el mundo externo, "quedándose solo" (ni siquiera con su propio cuerpo, el cual pertenece también al mundo sensible). Pero en el siguiente nivel de duda concluirá la imposibilidad de diferenciar entre sueño y vigilia sin el conocimiento sensible, afirmando que en ambas situaciones existe algo que parece absolutamente cierto y es el conocimiento matemático. Aquí, Descartes realiza un artificio literario para avanzar en su pensamiento, y habla de un "genio maligno" capaz de engañarnos en nuestro acceso al conocimiento matemático. Lo que en realidad plantea es "cómo podemos saber que existe un orden del pensar y un orden de la realidad y que esos dos órdenes coinciden", es la gran pregunta del escepticismo filosófico. Dudar entre la conexión entre el pensamiento y la realidad sería el máximo nivel de duda. En este punto, Elena puso un ejemplo clarificador y terrible al hablar de los prisioneros de Guantánamo, a los que se aisló sensorialmente, sin ningún conocimiento del mundo externo, una tortura no menos cruel por no dejar secuelas físicas. Éste sería el cogito cartesiano, el pensamiento puro, "solo yo y mis pensamientos". Lo que quiere decir el conocido "pienso luego existo" de Descartes es que si existe la acción de pensar se garantiza la existencia del acto de pensar. No obstante, Descartes no se queda solo en este punto, lo que le convertiría en un escéptico más, sino que desea el conocimiento de la verdad. Considerará que el pensamiento existe y admitirá tres tipos: conocimiento de conciencia que proviene del exterior; el conocimiento que se construye en nuestra imaginación, y las ideas innatas. Con estas últimas nacemos y entre ellas está, por eliminación de las dos anteriores, la idea de Dios. Esta es la gran trampa de Descartes, ya que esta idea innata que es Dios es la que destruye al "genio maligno", la que garantiza el conocimiento de la verdad. Cuando yo realizo un enunciado racional, Dios será el garante de que se corresponda con la verdad. Hasta tal punto este plantemiento fue importante, que todos los filósofos racionalistas posteriores no comenzarán con la duda, sino con esta idea de Dios. Leibniz dirá que si existe un orden racional, un fundamento de la verdad, será gracias a Dios, el cual cumple este papel fundamental en la modernidad al hacer de puente entre el pensamiento y la realidad. Nietzsche será el único capaz de realizar una ruptura con su enunciado de que "Dios ha muerto" (frase que en realidad es de Hegel, pero a la que sacará su máximo partido Nietzsche) y afirmar que no existe ese puente ontológico, que no hay ningún garante de la verdad. Desde los inicios del Cristianismo todo el afán del pensamiento filosófico y científico ha sido reducir la multiplicidad a la unidad: para explicar la realidad es necesario reducirla a uno, y el presupuesto ontológico para ello es Dios (el principio de todo). De nada sirve que nos declaremos ateos o contrarios a la religión si seguimos manteniendo esos presupuestos ontológicos, reduciendo el pensar a la unidad, y cambiando a Dios por la Razón o por el Hombre. Es un simple cambio de monarca. Reducir toda la explicación de la realidad a un único principio es un legado del Cristianismo, "una secularización disfrazada".

Tras la exposición se desarrolló un bonito debate en el que quedó claro que si no se cambian los principios y los comportamientos, es indiferente que llamemos dios o razón o de cualquier otra manera, pues todo seguirá igual, sin cambiar nada.

El sábado 21 cerró las Jornadas de Librepensamiento , con la conferencia de Julio Reyero "Fundamentos, actitudes y comportamientos de una organización criminal: la Iglesia Católica". Empezó la exposición, acompañada de numerosas imágenes y textos, con el recordatorio de que vivimos una época de retorno a las pasiones, al misticismo, en definitiva a los miedos que alimentan las religiones y que las Iglesias pretenden que sean la base del funcionamiento social. Reyero se mostró incluso pesimista al considerar que es posible que volvamos a etapas de pensamiento que se consideraban olvidadas, recordando en este punto la conferencia del día anterior en la que se dejó claro que es importante comprender que la historia no es un progreso continuo o sin freno como sostienen las religiones o sus sustitutos secularizados. El autor considera la religión como un conjunto de creencias irracionales destinadas a explicar la naturaleza de las cosas y cuyas consecuencias han sido siempre la anulación de la voluntad de la persona, la potenciación de sus miedos, el sometimiento, el desarrollo de una fuerza ajena siempre al ser humano y, sobre todo, la represión de sus deseos y sus pasiones más esenciales y naturales. Se recordó la ausencia casi absoluta de documentos para considerar a Jesucristo un personaje histórico y, en cuanto a los mismos fundamentos de la creencia católica, se insistió en lo desastroso y contradictorio de su moral: su desprecio al cuerpo en contraposición a lo etéreo, su desprecio por las pasiones, la exaltación del sufrimiento, el fomento de la ignorancia y de la obediencia, la discriminación de la mujer y el apoyo a las estructuras patriarcales de convivencia, y de poder en general; en definitiva, un desprecio absoluto a la vida de este mundo. Los mitos bíblicos, considerados más o menos como alegorías infantiles, están copiados de creencias anteriores, por lo que algo tan sencillo y evidente como la falsedad del cristianismo queda oculto por siglos de dominación. Se repasaron algunos de los numerosos crímenes de la Iglesia Católica (genocidios, colonialismo esclavista, saqueos explícitos en el pasado, especulación capitalista en la actualidad, persecución de los investigadores científicos, connivencia con el fascismo, abusos sexuales sistemáticos...), su apoyo y adecuación al poder en cualquier época histórica y los privilegios que mantiene en el Estado moderno (por muy laico o aconfesional que se presente). Hechos que están en la historia, pero en los que no se insiste apenas o se desvirtúan los datos como parte del gran engaño.

Al igual que los días anteriores tras la conferencia hubo un entretenido debate.

Y hasta aquí lo que han sido estas 1ª Jornadas Librepensamiento que esperamos hayan aportado al desarrollo del ser humano en plenitud según la voluntad de cada cual.

Para finalizar, agradecer la aportación de todos los que con su esfuerzo y solidaridad han hecho posible estas jornadas.

Por la Anarquía. Ni Dios Ni Amo.

Grupo anarquista Volia


Crónica publicada en "Tierra y Libertad" nº 240

julio 2008